[./index.htm]
[Web Creator] [LMSOFT]


Luces en la puerta secreta


                                                                  Transcripción literal del artículo original, incluidas las imágenes


md70_2img.jpg

Ajarte: la única familia que vive en el pueblo testimonia haber visto luces, siendo lo curioso que el pueblo no dispone de instalaciones eléctricas (Foto: M. Sampedro)

Por Pruden Muguruza

Vitoria


La aldea maldita de Ochate

Alguien diría que la casualidad no existe, que como hecho físico es una forma de manifestarse la realidad y como fenómeno paranormal un medio de expresar sus mecanismos más supremos. Y Ochate y su entorno es eso, una zona de casualidades. Situado a una quincena de kilómetros de Vitoria, en el corazón del Condado de Treviño (Burgos), donde hasta lo casual tiene sus constantes enigmáticas a lo largo del tiempo sin respeto por los siglos ni por la transformación de hábitat humano que la rodea. Solo luces, avistamientos, apariciones, epidemias. Muchas palabras para explicar lo anormal a lo largo de toda la historia de esta zona, hoy prácticamente desierta, y asociarlo a esa soledad honda que el paisaje revela. Un contorno en definitiva cuajado de leyendas, mitos y tradición oral, que habla de lo “misterioso y milagroso” y que solo a raíz del verano del año pasado y a un limpio e impresionante documento fotográfico del avistamiento “Ovni” saltó a la actualidad con su densa carga de siglos.

-------------------------------------

El 24 de julio de 1981, como quedó suficientemente recogido en el artículo publicado en el nº 67 de MD por Juan José Benítez, tuve un avistamiento que se convirtió en un documento fidedigno ratificado tanto a nivel nacional como internacional (1). Casi dos meses después, al ser revelado el rollo de la película, y confirmado materialmente el avistamiento, la noticia fue hecha pública y con ella la sucesión de acontecimientos. Empecé a reconstruir todas las leyendas y tenebrismo de la zona.

Los mismos vecinos me relataron pacientemente esas para ellos “normalidades” que habían recogido de viva voz de sus antepasados. Asimismo indagué en los archivos de las iglesias del entorno.

Fui atando cabos entre historia y leyenda, hasta que en diciembre de 1981 descubrí una necrópolis medieval que la directora del Museo de Arqueología alavés situaría en el siglo XIII, y que evidentemente habría de corresponderse con una comunidad estable de relativa importancia en ese periodo y cuya localización aún se ignora. La necrópolis se encuentra a escasos cien metros de Ochate, una vez superada una garganta por la que fluye un arroyo. No muy lejos se encuentra un claro de 30 metros de diámetro en el interior del bosque, donde se advierte el vacío y todo rastro de vida animal es inexistente. A poca distancia y treinta años atrás, otro pueblo pereció como perecería Ochate, presa de unas inoportunas, únicas y extrañas epidemias. Alguien dijo que vio una luz, una especia de “rayo” que se batió sobre la ermita de Ochate, y al acercarse encontró entre los restos calcinados un precioso medallón reproduciendo a la Virgen. Hace apenas ocho años un vecino de un pueblo cercano desapareció misteriosamente sin dejar rastro. Caso similar ocurre con perros y animales. Demasiadas “casualidades” para un estrecho radio de tres kilómetros.


El enigma de Ochate

Ochate, nombre vasco que puede tener varios significados -“puerta del ruido”, “puerta secreta” o “puerta del frío”-, es en la actualidad un pueblo completamente abandonado, situado entre los pueblos de Imíruri, Aguillo y Ajarte. Desde finales del siglo pasado tan solo esporádicamente algún pastor ha vivido entre sus ruinas: la torre de la iglesia, un cobertizo y algunas casas. Pero hace poco más de un siglo era una comunidad de casi setenta vecinos.

La historia que luego ha dado paso a la leyenda se inicia en 1860. En ese año se desató una epidemia de viruela que acabó con parte de sus habitantes. Cuatro años después se repitió el flagelo, esta vez de tifus, actuando sobre una población ya diezmada. En 1868, el párroco del pueblo, don Antonio Villegas, cercano a los cuarenta años de edad, desapareció. Para algunos había marchado a América; según un vecino, en la tarde de su desaparición lo vio subir hacia la ermita. El caso es que el obispado de Vitoria, del que dependía, le estuvo mandando el sueldo durante 40 años sin recibir respuesta.


md70_4.jpg

Ochate: una vista general del pueblo, con la ermita al fondo. Detrás de ésta, arriba, la peña de Larrate (Foto M. Sampedro)


En 1870 se produjo la tercera y última epidemia, y evidentemente la más mortal: el cólera. Tan solo tres vecinos huyeron a tiempo. El resto de sus habitantes sucumbió. El pequeño cementerio de tres metros de ancho por cinco de largo, adosado a la iglesia, fue pronto insuficiente. Los cadáveres del cólera fueron enterrados diseminados por la ladera cercana.

Únicamente un pueblo próximo sufrió una suerte parecida con treinta años de antelación a Ochate.

Pero lo extraño de estos hechos en que, salvo en estos puntos, en ningún pueblo ocurrió nada parecido a pesar de encontrarse relativamente cerca. Desde entonces quedó deshabitado y se empezó a tejer su leyenda de aldea maldita.

En 1947 el tema cobraría de nuevo vigencia gracias a la experiencia vivida por Víctor Moraza, vecino de Imíruri. Mientras paseaba por el campo contempló una fuerte luz cayendo sobre la ermita de Burgondo. Se acercó y entre los restos aún humeantes encontró un precioso y cuidado medallón de un material que hasta el momento no ha sido analizado. Según el protagonista, vio unas luces que subían y bajaban de la ermita. Al coger el medallón en sus manos reconoce que sufrió una rara sensación. Todavía se le puede ver acercándose a Ochate y recorriendo sus ruinas. Actualmente el medallón ha sido rodeado de una especie de cenefa de metal y oropel y se conserva en Imíruri, a unos 2 kilómetros de su lugar de aparición. A partir de ese momento, y quizás por un acceso mayor a la información y la propagación de los sucesos, son muchos los testimonios de ruidos misteriosos, luces, sombras y apariciones que se han acumulado sobre la leyenda. Hace nueve años un vecino de Marquínez, buen amante del hogar, y sin ninguna sintomática anormal, salió por la tarde con su azada camino del huerto. Desde entonces nadie ha vuelto a verlo. A pesar de que durante quince días vecinos de cuatro pueblos, la Guardia Civil y perros convenientemente amaestrados siguieron su pista y batieron el monte, no se halló ni rastro de él ni de la misma azada.

Varios animales han desaparecido en estos últimos años. En verano de 1980 dos pueblos de los muchos que habitualmente recorren las calles de Aguillo adoptando una función espontánea de guardianes ante cualquier visita o hecho extraño en el pueblo, se pasaron alrededor de dos semanas ladrando todas las noches. De repente no se volvieron a ver, pero curiosamente eran los dos que dirigían “el clan”. Hace tres años un agricultor que araba con su tractor una de sus tierras durante la noche, contempló cómo una luz potente se posaba inmediatamente encima de él. Solo la llegada de su hermano al cabo de un buen rato lograría hacerlo salir de su estado de rigidez.

El hecho fue investigado por expertos en el fenómeno “ovni”, quienes confirmarían la veracidad del avistamiento.

Trasera iglesia.jpg

Ochate, a la izquierda de la foto, en el cerro más cercano, la necrópolis. (Foto M. Sampedro)


Luces

Acercarse a esta zona particular del Condado de Treviño, hablar con los habitantes de sus pueblos, muchos de ellos desiertos, unos por la emigración y los menos por encadenamientos de hechos en parte irracionales, es asimilar de entrada la realidad anormal de la reducida parcela de terreno, casi un triángulo entre Ochate, Ajarte y Aguillo. Las leyendas fluyen fáciles y convergen, el refranero y la tradición oral acumulan concordancias, pero todo vuelve sobre lo mismo: luces, objetos luminosos, claridades que suben, bajan, se mueven, vuelan. Una anciana de Aguillo, sus noventa años, me narraba que sus abuelos le hablaban de una misteriosa luz que cada cierto tiempo y regularmente alumbraba el monte. De un hecho similar fui testigo junto con siete vecinos de Aguillo hace dos veranos: una luz blanquecina, diáfana, iluminó durante más de tres minutos el paisaje con la nitidez de un mediodía. Muchos habitantes cuentan sus experiencias con luces, posadas a poco espacio del suelo, moviéndose, maniobrando.

Y toda esta fenomenología coincide, se encadena. Falta aún mucho por investigar; esas tumbas medievales en su mayor parte de niños, y a simple vista abundantes; ese claro de bosque silencioso y sin vida que coincide con la popular leyenda medieval de la campana de oro transportada a la ermita y esos ladrones que iban a robarla. Alguien avisó y la campana fue enterrada. Luego los porteadores perecieron y quedó en el olvido; las numerosas historias de pastores entre profetas y locos; aquel pastor que perdió una oveja, salió a buscarla de noche, la encontró y al llevársela a hombros se le convirtió en una figura con “ojos de fuego” que salió corriendo. El significado refrán refiriéndose a la peña situada encima de Ochate, dicho por la mayoría de habitantes del Condado: ”¡peña de Larrate, cáete y mata a esos jodidos de Ochate!”, con toda la fuerza que el refrán tiene.

Burgondo en md70_7.jpg

Ermita de Nuestra Señora de Burgondo (Ochate). El 15 de agosto acuden en romería vecinos de cinco pueblos (Foto M. Sampedro)

El mismo nombre de Aguillo, en vasco: Arguillo de “argia” = luz; o en definitiva esa misma iglesia de Ochate dedicada a San Miguel Arcángel, profundamente emparentado con el rito que el cristianismo hizo de la mitología y lo mágico pagano. Muchas interrogantes que solo el estudio detenido y profundo puede aclarar o cuanto menos ahondar el misterio.

Cuando uno llega a Ochate pisando por encima de la necrópolis que mira osadamente al pueblo, la sensación de soledad es evidente. Es algo así como si el tiempo se hubiese detenido y entrase toda posibilidad, desde una tumba medieval a un avistamiento ovni. Pero siempre con la luz por tema central.

md70_9img.jpg

Localización de Ochate, en el Condado de Treviño (Burgos) 15 km al sur de Vitoria


Agradezco a Juan Prada la especial colaboración que me prestó para la elaboración de este trabajo

( 1) El documento fotográfico reproducido en portada de MD nº 67, y al que aquí se refiere el autor del presente artículo y a la vez de la citada fotografía, fue objeto de comentarios negativos por parte de Antonio José Alés, en el marco de su programa “Medianoche”, de la cadena SER. Por respeto a la labor ardua de todos –de Juanjo Benítez, de Antonio José Alés y de Pruden Muguruza, cada cual en su área de actuación- nos negamos una vez más a entrar en polémica. Pero para aquellos de nuestros lectores que puedan haber quedado confundidos tras los comentarios vertidos desde Radio Madrid, debemos puntualizar que ratificamos desde aquí todo cuanto publicamos en el nº 67 de MD, referido al probable OVNI de Aguillo, en el Condado de Treviño. (Nota de la redacción).


Mundo desconocido