Bolivar

Bolívar, la historia de un Santo Burgundio en Álava

Nota del autor:

Varias imágenes de este artículo son de muy baja calidad. Aún así, hemos decidido exponerlas por su valor histórico y singularidad.


Como se ha comentado en artículos anteriores, el origen de lugares como Ochate y Burgondo estuvo estrechamente relacionado con la red de antiguos caminos que atravesaban el Condado de Treviño, y más en particular, con el que viniendo desde San Vicentejo se dirigía al norte a través de los Montes de Vitoria. El estudio de esta ruta de arriería y sus ramificaciones da pie a descubrir lugares apasionantes; rutas cuajadas de mortuorios y antiguos hitos que han caído en el olvido.

Hoy queremos poner la atención en un pueblo que se encontraba en la concurrida carretera de Vitoria a Oquina, paso habitual en las rutas comerciales que unían el Valle del Ebro con la Costa Cantábrica y también con el camino a Francia. Se trata de la localidad de Bolívar.

A unos ocho kilómetros de la capital alavesa y otros tantos de Ochate, Bolívar cuenta con una población que ronda la docena de habitantes. El origen de este lugar es muy antiguo, y en el pórtico de su iglesia se halló una lápida sepulcral que reza:

“OBIIT ALBARO EPCPVS XIII KLS NBRIS ERA DCCCC XXVI”

(Murió Alvaro obispo el 13 de las calendas de noviembre de la era 926) a saber, el 20 de octubre del año 888.

Más tarde, en 1025, figuró en la Reja de San Millán con el nombre de “Borinivar”, y en 1083 consta la donación al Monasterio de San Millán de su Iglesia Parroquial-Monasterial de San Andrés. A partir de entonces éste ejercía su jurisdicción espiritual, recibía los diezmos y primicias y se encargaba de atenderla mediante la figura de un capellán Benedictino. Algunos autores hablan abiertamente del “Monasterio Benedictino de Bolívar”, haciendo referencia a unas ruinas en un alto cercano al pueblo. Dicho extremo no ha podido ser confirmado documentalmente.

Antigua imagen de la iglesia de San Andrés. Aproximadamente en 1940

Si el estatus religioso del pueblo era singular en su entorno no lo era menos el político, ya que pertenecía a la ilustre Casa de los Álava, que ostentaban el título de Señores de Bolívar. En tiempo de los Reyes Católicos y del Emperador Carlos V, a la cabeza del linaje se encontraba D. Pedro Martínez de Álava, Contino de los Reyes Católicos y Caballerizo del Duque de Bretaña. La Casa de los Álava contó siempre con gran influencia en la Corte española, especialmente cuando los Reyes de España tuvieron bajo sus dominios a la Borgoña y la Bohemia. Un detalle que parece tener su importancia, como veremos más adelante.

Pero olvidémonos por un momento de Bolívar y retrocedamos en el tiempo. Viajemos a la época de los Borgoñeses o Burgundios, un pueblo Godo que, como tantos otros, avanzaron por Europa con el final de la hegemonía del Imperio Romano. Allí nos fijaremos en la figura de Segismundo, hijo del Rey Gundebaldo y hermano de Gundemaro. Su fecha de nacimiento no se conoce con exactitud, pero se sabe que sucedió a su padre como Rey de los Burgundios en el año 516. Tanto él como su familia profesaban el Arrianismo, pero la influencia del Obispo Avito (San Avito de Viena) hizo que se convirtiera al Catolicismo, siendo su conversión de gran importancia para atraer a los pueblos bárbaros a la civilización cristiana. Fue el gran mecenas de la Abadía de Agaune, en la actual Suiza, y allí implantó el Laus Perennis, un curioso ritual consistente en cantar salmos ante los sepulcros de los mártires de manera ininterrumpida. Durante la Guerra de Burgundia contra los Francos, Segismundo se vio obligado a esconderse en esta abadía, donde finalmente fue apresado junto a su mujer y sus dos hijos varones. Durante su traslado a Orleans el Rey de los Francos ordenó su muerte, y Segismundo y su familia fueron asesinados y arrojados a un pozo cerca de la localidad de Coulmiers.

Pronto se extendió la creencia de que los pozos de la zona tenían propiedades milagrosas y sus aguas curaban las fiebres, por lo que se erigió una capilla que a la postre dio lugar a una importante Abadía en la que se ha seguido peregrinando hasta bien entrado el siglo XX. Los cuerpos de Segismundo y su familia fueron extraídos del pozo y trasladados a la iglesia de Agauno. Más tarde llegó la Canonización y se convirtió en San Segismundo Mártir, Rey de los Burgundios, también llamado San Segismundo de Borgoña.

Las reliquias de los Santos Mártires fueron muy codiciadas durante la Edad Media, y su sola presencia era suficiente para que un lugar fuese considerado digno de peregrinación. Con frecuencia los restos óseos acababan repartidos por todo el mundo (sin olvidar las falsificaciones) y un mismo Santo era venerado en distintos países a la vez. En el caso de San Segismundo sucedió en Francia, España, República Checa, Alemania, Italia y Suiza.

La relación de todo esto con Bolívar se debe a que en el interior de la iglesia de San Andrés se guardó durante siglos un arca con los restos de San Segismundo de Borgoña. La devoción a este Santo en la comarca quedó bien reflejada en este escrito de 1867 del Reverendo Antonio de Verástegui: “Apenas una oscura nube amenaza desolar los campos regados por el sudor de aquellos pobres labradores, el nombre de San Seguismundo arranca de todos los corazones, y abandonando sus humildes hogares acuden en rogativa a postrarse ante el arca que contiene sus preciosas reliquias…” También era objeto de veneración un pequeño cilindro de plata en forma de vaso, dentro del cual había un fragmento de hueso del Santo. Los devotos bebían de él con el convencimiento de que curaba las fiebres.

Hay que destacar que llegó a haber una voz crítica con respecto a la autenticidad de estas reliquias, fue la del historiador alavés J. Marieta, un religioso que apuntó la teoría de que el cuerpo custodiado pudo pertenecer a un Abad de San Millán llamado también Segismundo, que al parecer murió durante una vista a Bolívar en tiempo inmemorial; más tarde la tradición popular habría confundido a los dos personajes y el paso del tiempo se encargaría del resto. Se desconoce si esta teoría tuvo alguna base documental, ya que nadie más la retomó.

Por otro lado, quienes creen auténticas las reliquias basan su afirmación en la estrecha relación de la Casa de los Álava con los Reyes de España. Estos unieron su linaje a la Casa de Borgoña a través de Felipe el Hermoso, casado con la hija de los Reyes Católicos, y a través de esa línea el Señor de Bolívar habría llegado a honrar en sus posesiones las valiosas reliquias del Santo Burgundio. Otro detalle a tener en cuenta es la estrecha relación de la orden benedictina con las reliquias de San Segismundo en otras partes del mundo: Orleans, Ímola, etc… en ese sentido son numerosas las visitas a Bolívar de diferentes abades de San Millán a lo largo de los siglos, y en todas ellas certificaban haber visitado “las reliquias de San Segismundo de Borgoña” en la citada iglesia de San Andrés.

Otro argumento a favor serían los tres pergaminos conservados en el interior del arca, donde diferentes Notarios Apostólicos, acompañados por Abades Mitrados de San Millán, daban fe de la traslación de los huesos de unas arquetas a otras conforme estas se iban deteriorando. La primera corresponde al año 1573, y en ella el Notario D. Pedro Beltrán de Mendarozqueta afirma que se trata de las Reliquias de San Segismundo mártir y rey de Borgoña: como consta –dice- por un testimonio auténtico y fidedigno escripto en pergamino, y sellado con sello pendiente en cinta de seda azules dentro de una caxita fecha de una sola de Flandes. Desgraciadamente esa cajita desapareció en circunstancias nunca aclaradas. El siguiente documento es del Notario Apostólico D. Pedro de Cerezo, en el año 1632, y el tercero y último lo firmó D. Gabriel Antonio de Guesalaga el 10 de septiembre de 1803. Queda claro por tanto que para la orden Benedictina y sus más altas instancias se trataba de los restos auténticos de San Segismundo de Borgoña.

Resulta muy interesante el documento de 1803, fecha en la que además de trasladar los restos al arca actual se inauguró un altar para su ubicación en un lateral de la iglesia. Ésta deteriorada imagen muestra aquel desaparecido emplazamiento:

Imagen del altar desaparecido en la iglesia de San Andrés, donde reposó el arca desde 1803 hasta 1949

Debió resultar impresionante el acto de traslación, al que además de las autoridades políticas y religiosas de la época acudieron unas cuatro mil personas, lo cual demuestra su gran devoción. El notario Guesalaga lo describió así: “… Don Rafael Portela (el Abad) fue sacando uno a uno todos los huesos y reliquias y mostrándolos al Pueblo, en un número que ascendía a sesenta y cuatro huesos grandes y pequeños, los cuales fue colocando en una bolsa grande de mitán encarnado cubierta de musulina de flores con sus cintas encarnadas y cabos de oro, a la que se siguió dar su Paternidad Reverenda a adorar a todo el concurso uno de los huesos de dichas Reliquias, al que tocaron multitud de medallas, cintas, escapularios, rosarios con singularísima piedad, religión y devoción de todos los fieles que a este piadoso y memorable acto concurrieron”

Muy interesante el detalle de los sesenta y cuatro huesos. Teniendo en cuenta que un ser humano adulto tiene algo más de doscientos y restando la cabeza, podemos concluir que hablamos aproximadamente de un tercio del cuerpo. Otro asunto es el paradero del cráneo, que según algunas fuentes se habría quedado en la Bohemia; otros lo ubican en Praga y no falta quien asegura que se encuentra en el Monasterio de San Millán.

El arca actual fue costeada por la Provincia de Álava, siendo Diputado General D. Ramón de Urbina. Es de nogal y lleva incrustaciones en plata con los nombres de San Segismundo mártir y rey de Borgoña; del Abad de San Millán, Don Rafael Portela, y del monje Benedictino Párroco de Bolívar Don Domingo Lerín. Hay otra encima de su tapa que dice:A la devoción de la Provincia de Alaba. 1803. Esta es su imagen:

Desgraciadamente y como sucedió en muchos pueblos de Álava, la escasa población de Bolívar a principios del siglo XX dio lugar a que el patrimonio histórico del pueblo se deteriorase hasta el punto de amenazar ruina. El obispado comenzó entonces a llevarse los tesoros de su iglesia parroquial: un misal del siglo VIII; la lápida funeraria del siglo VII, que tras estar varios años al aire libre se depositó en el Museo Diocesano de Arte Sacro; su Virgen medieval, que acabó en la parroquia Vitoriana de San Ignacio; sus campanas, que fueron a parar a la parroquia de Las Desamparadas de Vitoria, y la portada, que fue colocada en el patio del antiguo seminario (Ver artículo: “La Casa de Perris”).

Imagen de la portada de Bolívar, actualmente en Vitoria

En cuanto a los restos de San Segismundo, el Obispo de la Diócesis, Monseñor Ballester Nieto, dictó un decreto el 11 de diciembre de 1948 en los siguientes términos:

“En atención a la veneración y custodia debidas a las reliquias de los Santos, velando por la conservación y culto que de antiguo se ha tributado al Mártir San Segismundo, Rey de Borgoña, en los pueblos comarcanos a Bolívar, actualmente filial de la Parroquia de Gámiz, en conformidad con lo dispuesto en el párrafo segundo del canon 1.289 del Derecho Canónico, mandamos que las dichas Reliquias sean trasladadas con la debida veneración y convenientemente colocadas y guardadas en la Parroquia de Gámiz”

El traslado se llevó a cabo el domingo 8 de mayo de 1949, tras habilitar en la Iglesia Parroquial de Santa Eulalia de Gámiz un sencillo nicho que aprovechó diversos elementos del antiguo altar de Bolívar, como la reja de hierro forjado o una placa que dice: “AQUÍ YAZE EL SAGRADO CUERPO DEL GLORIOSO S.SEGISMUNDO. MÁRTIR, REY DE BORGOÑA”. Debajo hay otra conmemorativa escrita en latín que hace referencia al traslado desde la vieja caja de madera al arca actual en 1803. También se conserva en la sacristía de esta iglesia el tubo de plata al que antes hacíamos mención, y que aún cobija en su interior el hueso del Santo.

Nicho y arqueta con los restos de San Segismundo en su ubicación actual (Gámiz)

En la iglesia de San Andrés de Bolívar quedaron apenas unos restos de pinturas murales del siglo XVI y otros de época barroca, todas ellas en muy mal estado. Finalmente fue vendida a unos particulares como vivienda, lo cual evitó seguramente su ruina. En la fotografía de abajo (del año 2012) podemos apreciar aún las marcas del pórtico en la fachada, así como la gran espadaña vacía.

Y esta es la historia del Santo de Bolívar, un Burgundio cuyos restos, en otra época venerados, reposan hoy en la penumbra de una iglesia a la sombra del olvido. Una curiosidad más de ese camino medieval que dio la vida a lugares tan queridos como Ochate, y cuya memoria bien merece la pena rescatar.


 

Más información en nuestra web: “Los tres Burgundios”, de Rocío Montero prieto.

Bibliografía:

  • Diccionario Geográfico-Histórico de España, Tomo 1-  Real Academia de la Historia, 1802.

  • Histoire des Francs, éd. Belles lettres, coll. «Classiques de l'Histoire», Gregorio de Tours. Paris, 1980.

  • San Segismundo de Bolívar, José Martínez de Marigorta, 1949.

  • Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, Tomo IV. Varios autores. C.A.M.V. 1975.

  • Catálogo Monumental de España: inventario general… Cristóbal de Castro, 1880.

  • Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España… Pascual Madoz, 1845.

  • Índice de los documentos procedentes de los Monasterios… Tomo 1. R.A.H 1861.

 

© Antonio Arroyo. Ochate.com

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