Sor Francisca

La increíble historia de Sor Francisca del Santísimo Sacramento

Ilustración: http://belosticalle.blogspot.com.es/2011_06_01_archive.html

“Nació desfavorecida de las gracias de la hermosura” (Fray Francisco de la Cruz: Cinco Palabras de San Pablo”

“Era de corto entendimiento y de limitada capacidad, de condición muy aspera y mal mortificada.”(Según el cronista oficial de la orden carmelita fray Francisco de Santa María, tomo 2, lib. 6., c.22.)

“Púsole Dios por lastre de tan raros y continuados favores, un natural grosero, colérico y mal acondicionado, que le fue motivo de grandes humillaciones y aunque muchas veces pidióle a Dios que le mudase en otro muy templado y suave, le fue respondido - Esste te conviene.-” (Miguel Bautista de Lanuza  .La V.M Catalina de Cristo, capitulo 46,pag.  353, 1657.)

Así fue descrita Sor Francisca del Santísimo Sacramento por personajes contemporáneos a ella que recogieron el relato de su extraordinaria vida en las postrimerías del siglo XVI y principios del XVII.

Se llamaba Francisca de Binuesa  y nació un 12 de marzo de 1561 en el pueblo de San Andrés de Soria. Fue  la tercera  hija del matrimonio formado por Don Fernando de Binuesa y Doña Teresa de Barnuevo, de ilustres familias incluidas entre los doce históricos linajes de Soria. De buena educación y condición holgada, sorprendió a su familia el día del Corpus de 1582 con la decisión repentina de convertirse en monja; había tenido una visión: Jesucristo se le había aparecido transmutado en la Sagrada Forma. Por mucho que sus padres intentaron persuadirla nada le hizo cambiar de opinión, y en 1583, con 22 años, ingresaba como novicia en el convento de la Santísima Trinidad de Soria, donde Sor Catalina de Cristo ejercía como Priora. Tal vez por su condición de amiga intima y discípula adelantada de Santa Teresa, Sor Catalina entendió y protegió desde el principio a la recién llegada, la cual recibió el nombre de Sor Francisca del Santísimo Sacramento. Pronto supo la priora que aquella novicia guardaba un gran secreto.

Ilustración: trigodedios.blogia.com

Aquel extraño suceso del día del Corpus no fue el primero que Francisca había vivido. Desde muy joven padeció terribles visones: viajes al infierno, visitas del demonio (ya como bello galán tentador, ya como monstruo terrorífico), personas conocidas y desconocidas que no caminaban entre los vivos; voces y gritos que resonaban en su cabeza sin cesar… vivencias que nadie salvo ella conocía y que la llevaron a profesar una extrema devoción a las Santas Almas del Purgatorio, devoción que todo el mundo creía heredada de su padre Don Fernando. Pero definitivamente sería aquella visión divina la que llevaría a esta alma atormentada a refugiarse en el convento de su Soria natal.

Y en ese primer año de noviciado pudo por fin descargar su alma:

  ”Siempre he huido mucho, que nadie entienda en casa que yo tengo estas cosas, y he pasado mucho en encubrirlas, y de todas las mercedes que Dios me hace la que yo más estimo es la de poderlas disimular y tener en silencio, y han pasado muchos años que ninguno de casa sabía nada hasta de poco acá que me declaré con un confesor y con la Madre priora”

Su confesor, ante tamañas revelaciones, decidió recoger por escrito todo aquello que le contaba Sor francisca; llegado el día en que este hombre enfermó mortalmente, cogió los pliegos de tales confesiones y dio orden de entregárselos a la monja cuando él muriera, con el fin de que ella misma decidiese su destino. Ésta, al recibir el paquete y sabiendo qué contenía, lo tiró al fuego para que jamás se supiese.

Sor Catalina, entre tanto, ultimaba uno de los proyectos planeados con  Santa Teresa de Jesús antes de su muerte: llevar la reforma teresiana a las tierras del norte. Con la ayuda del Padre Gracián y de Sor Leonor de la Misericordia (una noble benefactora de la fundación de un nuevo convento en Pamplona), Sor catalina inició su misión acompañada por cinco monjas profesas y una única novicia: Sor Francisca, quien unos meses después, el 11 de noviembre de 1584, tomaría por fin los hábitos de Carmelita Descalza en el nuevo Convento de San Josef de Pamplona.

Durante los siguientes años a Sor Francisca le atacaron mil veces los deseos de colgar los hábitos por miedo a creerse endemoniada y sentir que no estaba en su sano juicio, pero el apoyo de la priora y las visiones de la Virgen y de algunos Santos (San Agustín llegó a aparecérsele 34 veces a lo largo de su vida) la convencieron para continuar, aunque no sin pagar por ello un alto precio.

Imagen: Revista Credencial Historia.(Bogotá - Colombia).Edición 46 Octubre de 1993 

La mortificación sería desde entonces su día a día. Durante veinte años continuos se aplicó cilicios, rayos, cardos, cadenas y tremendos castigos físicos que terminaban salpicando de sangre el suelo de su celda. En el refectorio, siempre añadía al primer plato que se le servía un puñado de acíbar (un polvo dorado de sabor amargo que se extrae de la hoja machacada del aloe) y su ayuno, a base de agua desde el desayuno, rara vez era complementado con algo de pan por la noche.  Lo poco que dormía lo hacía sobre el suelo bajo una raída manta, que luego escondía para que no se la quitaran y la obligasen a recostarse en el catre. Todo el tiempo que sus obligaciones se lo permitían lo pasaba en profunda oración.

Imagen: elnortedecastilla.es

Pero con el paso de los años, Sor Francisca aprendió a convivir con sus “visitantes”. Los terribles demonios fueron dejando paso a las ánimas del Purgatorio, y la primera que llego junto a su lecho, cuatro años después de haber tomado los hábitos definitivos, fue su mismísimo padre Don Fernando:

“…y la dixo que padecía en el Purgatorio por cosas gue no juzgava desagradasen a Dios, tocantes a la administracion de la hazienda de su hijos; y que por lo que avia obrado en beneficio de la Animas, recibiría mucha gloria; que ella prosiguiese en aquella devocion de la Animas. “.

Aunque los prelados, temiendo que estas visiones fueran producto de su imaginación o ilusiones de una mente trastornada, le habían prohibido expresamente hablar con las apariciones, para ella era algo imposible de cumplir, ya que las almas se llegaban mientras dormía e impacientes la interrogaban:

“…la dezian ¿ duermes? Y solia responder: Dormia, ya no duermo porque vosotras me aveis despertado”

En otras ocasiones era la misma monja quién les reñía, al despertar y verlas alrededor de su lecho sin haberla avisado, a lo que ellas respondían:

“Porque sabemos que tienes necesidad de dormir y descansar no hemos querido despertarte”

Y si no era en la celda, era en las puertas de la Iglesia que como mendigos se agolpaban para abordarla a la entrada de misa, pidiéndole oraciones dedicadas que les restasen sufrimientos allí donde vagaban.

Viendo sus superiores que nada cambiaba y que esta prohibición de hablar con las ánimas producía aún más tormento y desasosiego a la monja, deseosa de rezar y ayudar a las almas del purgatorio, le impusieron como penitencia escribir todos los testimonios que recibiese de esta manera tan especial. Así, los tres últimos años de su vida los empleó en recopilar todo por escrito, cediéndoselo posteriormente al Obispo de Pamplona Don Juan de Palafox y Mendoza, quien las publicaría en 1661 bajo el título: “Luz para los vivos y escarmiento a los muertos”. En su libro, Don Juan relata con detalle hasta 229 apariciones, cuidándose de no citar el nombre de aquellos que llegaron a contactar con la monja, puesto que aún vivían los descendientes de alguno de los “visitantes”. Otra razón es que tampoco se libraban del tormento del Purgatorio ni Papas, ni obispos ni prelados. “Se dice el pecado, pero no el pecador”, reza el refrán.

“Por dexar acomodados mis hijas padezco Mucho, se descuidan de mi què bien parece que no tienen las penas que yo tengo. Pide à quien posèe mi hazienda que me digan Misas y hagan por mi Alma. Estas vozes dàn desde el Purgatorio”

De la vida y milagros de Sor Francisca se hacen eco, además del Obispo de Osma:

  • Don Miguel Bautista de Lanuza, Caballero de Santiago y protonotario de los Reynos de Aragón en su  “Biografía Eclesiástica completa. Volumen VII”  publicada en 1654, y en “La V. M. de Catalina de Cristo “ de 1657.
  • Fray Francisco de la Cruz, carmelita descalzo, en su obra “Cinco palabras del Apóstol San Pablo” publicada en 1680 
  • Fray Francisco de Santa María en la Crónica de la orden carmelita, tomo 2, lib, 6, c.22. (alrededor del 1650).

La proximidad de estas publicaciones con la muerte de nuestra Carmelita, el 27 de Noviembre de 1629, así como la relación personal de alguno de los autores con dicha mujer, nos permiten conocer de primera mano cómo se vivieron unos hechos tan extraordinarios.

Un poco más adelante, en 1703, es el autor italiano G.Rossignolli quien se hace eco del caso de Sor Francisca y de Don Cristóbal de Lobera, Obispo de Pamplona entre 1623 y 1625, relatándolo en su libro “Divinas Maravillas de las almas del Purgatorio”. Citamos a continuación un extracto del mismo recogido en “Historia Social de la Muerte en Euskal Herria”, de Juan Madariaga Orbea:

Ilustración: devocioncatolica.blogspot.com

“El obispo de pamplona ,Cristóbal Lobera (1623-1625) conociendo el caso de Sor Francisca que se había especializado en conseguir “Gracias” para las almas del purgatorio y que estas acudían en tropel a ella para solicitar alivio espiritual, pensó en la posibilidad que tres de sus antecesores en el cargo de obispo fueran algunas de estas almas “Unas veces se llegaban (las ánimas) a la puerta de su celda y allí esperaban como el mendigo a la puerta del rico a que saliese por la mañana para pedirle la limosna de sus oraciones” Temiendo esto, el obispo Cristóbal hizo llegar a la monja 14 bulas, tres destinadas a sus colegas y el resto a repartir entre las demás almas penitentes del purgatorio. Gracias a estas bulas, los penitentes obispos lograron llegar al cielo no sin antes aparecerse de nuevo a Sor Francisca para darle las gracias por esta salvación. El obispo, ante tal beneficio, siguió dando bulas y Sor Francisca repartiendo, ya las ánimas tan conscientes de estas gracias llegan hasta el punto de ante la negativa de Sor Francisca de poseer más bulas salvadoras le hacen buscar bien, pues saben ellas que aún conserva dos que les dará el pasaje directo al paraíso. “registrad bien, que estamos seguras que aún quedan dos por aplicar, registró y halló que efectivamente habían quedado dos de ellas en un lugar apartado” (G. Rossignolli)

Ilustración: comunidadumbria.com

Y ya en el siglo XIX, tomando como fuente la historia de nuestra monja, el Padre Jose Boneta nos dejó esta visión: 

“No es menos formidable el cadalso en que suele el Señor ajusticiar algunas almas, dándolas el purgatorio dentro del mismo cadáver del cuerpo que tuvieron en vida, como se lo dijo al alma de un Caballero que se apareció á la madre Sor Francisca, el cual, después de haberla dicho las graves penas que padecía por haber defendido pleitos injustos con su hermana por haber sido muy interesada y no haber sabido desapropiarse viviendo de lo que poseía con escrúpulo, y después de haberla dicho lo mucho que le importó para salvarse haber entrado en la tercera orden de S Francisco y otras obras buenas, le dio cuenta cómo había tenido el purgatorio en diferentes partes y que entonces le tenía en su misma sepultura dentro de su mismo cadáver, que es la suma hediondez y suciedad que puede padecerse. Bien podría éste salir diciendo de quien con sus oraciones lo sacase lo que David,  eduxit me de lacu miseriae et de luto foecis” (Pag 52-53, Gritos del purgatorio y medios para acallarlos: libros primero y segundo...,  José Boneta, 1856.)

Ilustración: radiocristiandad.wordpress.com

Los cronistas se extienden en relatar tanta visita y los padecimientos de Sor Francisca por socorrerles. Papas, Prelados, caballeros, damas, campesinos, todos se quejaban de sus culpas y de las que arrastraban a causa de sus parientes que no cumplían con sus testamentos o dejaban de encender velas en sus tumbas u olvidaban rezarles:

“…el error de aver querido abrasarse con tan largas penas con tan breves gustos” “por no averse aplicado aquí a ganar una indulgencia que podían aquí en menos de un cuarto están padeciendo aflicciones que duran y durarán años y siglos”

El miedo y la angustia que sentía Sor Francisca ante  el conocimiento de sus vidas y el saber que por poco mal que hicieran estando vivos penarían tanto una vez muertos, le producían desmayos y calenturas. Las ánimas le pedían oraciones, misas, bulas… todo aquello que les restara tiempo en ese espacio de amargura. Y la lista de penados no terminaba, sino que aumentaba según iban encontrando algunos la luz gracias a la caridad de la humilde monja.

Pero la peor de las visiones que podía sufrir llegaba todos los años en la Semana Santa. Su visión más espantosa y la que más temía era la que le mostraba la Pasión de Cristo:

“Yo andaba muy enternecida de ver tan perseguido à este Señor siendo quien es, y cómo su Magestad quería mostrarme tantas cosas de su Santísima Pasión, que por un modo sobrenatural me la hazia  ver y sèntir dela manera, y como si entonces fuera aquello todo andava  rebentando de pena ; y así no podia estar entre las Hermanas y todo mi alivio era irme a las Ermitas de la huerta  à buscar soledad, donde daba vozes y gritos y lloraba mucho, sin ser más en mi mano: porque si andava entre la Hermanas  y me reprimía para que no lo echasèn de ver, me hallaba tan apretada de la fuerza que mi espiritu me hazia que avia menester ponerme un paño dentro de boca y pasar de este modo mi amoroso accidente, ò retirarme a la celda.  Haziaseme tan larga la Semana Santa, que desèava se acabase por librarme de ver cosa de tanta pena, que  me acabavan la vida y no hay palabras para encarecer cmo es esto, y de ver el amor que nos tiene este Dios y cual le paran nuestros pecados.”

Podríamos seguir añadiendo episodios, revelaciones y síntomas de lo que hoy llamaríamos experiencias paranormales o mediúmnicas. No juzgamos lo real o no de estas experiencias, ellos lo vivieron “desta manera”, y así nosotros lo hemos contado.

El libro “Luz para los vivos y escarmiento para los muertos” donde se recogen los casos de las ánimas puede encontrarse en el siguiente enlace: http://books.google.es/books?id=S5jFfYyjc2cC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

(Todas las citas que aquí aparecen pertenecen a los libros anteriormente reseñados)

 

© Rocio Montero

En Madrid a 5 de Octubre de 2012.

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