Mi visión del mundo Templario

Texto e imágenes: Pedro González de la Peña

“Nunca se innova, o al menos muy raras veces, sin provocar grandes peligros"

(Jacobo de Molay, último maestro del Temple, de su Memoria sobre la fusión de las órdenes, que se la dirige al papa Clemente V en 1306-1307)

Cuando uno se adentra en el mundo de los templarios rápidamente se da cuenta de que está rodeado de muchos mitos y leyendas, las cuales, en muchos casos, sirven para "inventarse" la historia que se quiera escribir. Uno de esos mitos es que se conservan pocos documentos sobre la orden, y eso no es del todo cierto, porque hasta nuestros días han llegado una gran cantidad de datos y evidencias. Lo que en ningún caso puede negarse es que se perdió el archivo central de la Orden. El archivo en principio se iba conservando en los cuarteles generales de la Orden, primero fue en Jerusalén, posteriormente pasó a San Juan de Acre, y el último lugar fue en Chipre, a partir del año 1291; cuando el Papa Clemente V disuelve la Orden, en el año 1312, el Archivo pasa a manos de la Orden de los Hospitalarios de San Juan; y parece ser que en la Isla de Chipre se conservó hasta 1571, que los Turcos Otomanos conquistaron la isla y destruyeron dicho archivo junto con el de los Hospitalarios de san Juan. La destrucción de dicho archivo lo único que no nos permite es saber cuales eran sus tierras y sus privilegios, también contendría las actas fundacionales y parte de las donaciones que habían conseguido en Europa. Pero se conservan muchas cosas: Todas las bulas papales que consiguieron los templarios se conservan en el Vaticano, y buena parte de la documentación de las posesiones de la Orden se conservan en los museos y archivos de Europa (En la Biblioteca Británica, Archivo Nacional británico, Archivos de Madrid y Barcelona y en archivos locales franceses). Todo esto nos confirma que, hoy en día, podemos seguir los pasos de los templarios sin necesidad de tener que imaginarnos lo que sucedió, aunque en algunos casos sí sea necesario.

Sello templario

 Era allá por 1118 cuando nueve caballeros franceses, liderados por Hugo de Payens, fundaron la denominada " Orden de los Pobres caballeros de Cristo", a la que comúnmente todos conocemos como " Orden del temple " o " Caballeros templarios”. A pesar de ser una Orden Militar Cristiana, no es hasta el año 1129 cuando la reconoce, de forma oficial, la iglesia católica, durante el Concilio de Troyes. En cuanto a la Fundación de la Orden, y debido a la pérdida de su Archivo Central, la datan entre el año 1118 y 1120, dato que no adquiere importancia ninguna debido a su pequeña desviación. Pero donde si voy a detenerme es en los Nueve caballeros a los que se les supone la creación de la Orden Templaria, y sus nombres son: Hugo de Payens, Godofredo de Saint-Omer, Godofredo de Bisol, Payen de Montdidier, André de Montbard, Arcimbaldo de Saint-Amand, Hugo Rigaud, Gondemaro, Rolando. Hasta ahora la historia nos dice que el primer Gran Maestre de la Orden y fundador de la misma es Hugo de Payens, y es un dato totalmente cierto, pero ¿ es Hugo de Payens un caballero Francés , como se pretende?. Recurriendo a distintas fuentes, el Caballero Hugo de Payens, parece ser que ni era francés ni se apellidaba Payens. Algunos autores refieren que Hugo se apellidaba Pinós y era catalán. Para entender esta hipótesis es lógico exponer todos los datos que nos lleven a entenderla. Hugo y Galcerán de Pinós eran hijos del Almirante de Cataluña y de doña Berenguela de Montcada y biznietos del Conde de Besalú, Oliba Cabreta. Los dos hermanos estuvieron en la toma de Jerusalén, en el año 1099, y se quedaron en Palestina, tomando parte en la organización del Reino Latino. Pero preocupados por los constantes ataques a los peregrinos por parte de los musulmanes, se plantean crear una milicia para la defensa de estos. Y es en 1110, cuando varios Caballeros Catalanes se unen a los hermanos Pinós y forman una milicia, que se denominaría Caballeros del Templo, tomando su nombre del Templo de Salomón, que es donde tuvieron su primera residencia. Parece ser, que el Papa Urbano II, les confía la custodia de un Lignum Crucis, y esa es la razón por la que el Patriarca de la Iglesia les permite llevar cosida, en sus capas blancas, una cruz patriarcal de color rojo. Está claro que el primer Maestre de esta milicia es Hugo de Pinós, y es en ese momento cuando adopta como apellido el de su patria, Bagá, que latinizado se quedó en Hugo de Paganus o Baganus. Galcerán regresa a Cataluña con el fin de reclutar caballeros que se uniesen a su milicia y, además, a hacerse cargo del patrimonio familiar, trayéndose consigo el Lignum Crucis, para lo que construyó la Iglesia de San Esteban en Bagá, donde hoy en día se sigue venerando. Mientras tanto, los Caballeros del Templo, se fueron extendiendo por todos los lugares cristianos y fueron consiguiendo fama y muchos honores. Y es en este momento, en el que la Orden adquiere fama e importancia, cuando los franceses, debido a la importancia que la Orden obtiene en sus tierras, afrancesa el nombre de Hugo de Pinós-Bagá, y de esta forma aparecería como una fundación francesa, por lo qué Hugo de Bagá se latinizó y quedó en Hugo de Baganus, convirtiéndose después en Hugo de Paganus, de Pagani, de Paencium, y ya de ahí es fácil llegar a Hugues de Paence, de Paiens, para terminar en de Payens y finalmente de Payns, Hugues de Payns.  (Datos recogidos del libro de Rafael Alarcón H. " La otra España del Temple, leyendas y tradiciones templarias " )

He comentado que Galcerán de Pinós regresó a Cataluña, y, por qué no, para hacer más creíble la hipótesis de la que antes hablaba, existe una leyenda, y es eso, una leyenda, porque no tenemos datos objetivos que así la corroboren, que nombra a Galcerán de Pinós y a otros ocho Caballeros catalanes, en lo que se denomina Los nueve Barones de la Fama:

“Según la leyenda, los Nueve Barones de la Fama también conocidos como Los Nueve Caballeros de la Tierra, eran los más esforzados barones de la tierra catalana, con el afán de reconquistar los territorios ocupados por los sarracenos. Estos nueve caballeros fueron los señores de: Cervelló, Erill, Ribelles, Montcada, Cervera, Pinós, Anglesola, Alemany y Mataplana. En algunas versiones el de Mataplana es el Conde Arnau.

Otger Cataló, el Padre de la Patria, los conjuró a luchar hasta la muerte por la tierra que los había visto nacer hasta liberarla del poder de la "media luna" sarracena, que les había impuesto una cultura diferente de la que era su fe originaria.

Los nueve caballeros juntaron sus espadas, jurando ante el altar de la Virgen negra llamada Nuestra Señora de Montgrony, -que está situada cerca del monasterio de Ripoll, que está a la vez relacionado con otro mito catalán: Wifredo el Velloso-, y juraron cumplir con lealtad su palabra.

Los nueve Barones de la leyenda son:

Guerau d'Alemany.

Bernat d'Anglesola.

Galceran (o Guerau) de Cervelló.

Galceran de Cervera.

Bernat Roger d'Erill.

Hug de Mataplana (o el Conde Arnau, Comte l'Arnau, en la canción popular).

Dapifer de Montcada.

Galceran de Pinós.

Gispert de Ribelles."

(Los nueve Barones de la Fama, leyenda que ha sido tomada de Wikipedia.org)

 

Uniformes templarios, en función de su rango

Se ha de tener claro por qué es posible que la iglesia consienta y aplauda la aparición de órdenes religiosas militares. Era finales del siglo IX , cuando la iglesia comienza a utilizar términos como " la paz de Dios " o "tregua de Dios", que era una forma de utilizar la fuerza en lo que ellos denominaban la ayuda a los débiles y, por supuesto, todo valía en defensa de la iglesia. el Papa Juan VIII llegó a decir que todo aquel que muriera en el campo de batalla, en defensa de la iglesia, se le perdonarían todos sus pecados, proposición que en aquella época llevaba a muchas personas a la lucha. Es en el año 1095 cuando el Papa Urbano II clausura el Concilio de Clermont haciendo un llamamiento a la cruzada, y es en 1099 cuando los ejércitos que llegan de Occidente toman Jerusalén; pero no es hasta 1291 cuando cae la última gran posesión occidental en tierra santa, y esta fue la ciudad fortificada de San juan de Acre.

No me voy a dejar llevar por la pasión, ni por ningún tipo de romanticismo a la hora de escribir este pequeño esbozo sobre los templarios. Considero que hay que ser siempre objetivo y acudir a las fuentes a la hora de hacer historia. Esto no es lo que ha sucedido, en infinidad de ocasiones, con la orden del temple y los templarios, ya que ha habido muchos escritores que han querido rodear de un halo de misterio y esoterismo todo lo que tiene que ver con ellos, y por contra, hay otro grupo de escritores, historiadores, que han querido ser totalmente respetuosos con la historia.

En primer lugar cabe preguntarse ¿ eran todos los templarios caballeros, cultos y buenos guerreros ?. A esta pregunta hay que contestar que no. Como escribe Helen Nicholson en su libro " Los templarios, una nueva historia": " la mayoría de los hermanos de la Orden del Temple  o bien procedían de los estratos inferiores de la caballería o bien no tenían ningún tipo de ascendencia caballeresca; muchos de ellos eran artesanos  e individuos que llevaban a cabo labores habituales del campo, como, por ejemplo, el pastoreo de ovejas y reses ". Otro punto que no hay que olvidar es que la iglesia, en esa época, a pesar de su poder, no estaba exenta de saqueos por parte de mercenarios. El papa Gregorio VII y posteriormente Urbano II clamaron ¡" que estos guerreros se reformen y se conviertan en verdaderos caballeros "!, con esto quiero referirme que muchos de los que posteriormente fueron caballeros templarios, en su día fueron asaltadores de caminos y asalariados de señores feudales para hacerse con tierras y posesiones de forma fraudulenta. De esta forma lo describe Arnaud de la Croix en su libro " los templarios, en el corazón de las cruzadas" : " ¡Que se transformen en Milites Dei, en soldados de Dios, y partan a combatir bien lejos a los enemigos del Señor!. Esto les servirá de penitencia, y, si les llega la hora de la muerte, todos sus pecados les serán perdonados. ¡Pero que partan enseguida!". Uno puede llegar a preguntarse ¿qué es, entonces, lo que podía hacer que tanta gente variopinta se uniera para un fin común ? y la respuesta es simple, su fe en Dios y en la defensa de la religión cristiana; muchos de ellos vendieron sus posesiones, dejaron a su familia para emprender un largo viaje y hacerse, en un principio, los defensores de los peregrinos que se dirigían a Jerusalén. Pero también, no debemos de olvidarlo, por la posibilidad de atesorar riquezas y poder. Este llamamiento que hace el Papa Urbano II a las cruzadas no es un llamamiento general, en España, estos guerreros de Dios no debían de abandonar la Península Ibérica porque en ella se estaba produciendo la invasión Almorávide, y según palabras del Papa :" tan importante era la Guerra Santa en Oriente como en la Península ". El discurso de clausura del Concilio de Clermont, por parte del Papa Urbano II, viene a demostrar lo escrito hasta ahora : " A quienes fueren allí y perdieren la vida en la empresa, durante el viaje por tierra o por mar, o en pelea contra los infieles, séanles en esa hora perdonados sus pecados, en virtud de la potestad que por el mismo Dios nuestro Señor me ha sido concedida (...) Quienes hasta hoy vivieron en criminal enemistad contra sus hermanos creyentes, vuelvan sus armas contra los infieles (...) Quienes fueron hasta hoy bandidos, háganse soldados; quienes se hicieron mercenarios por un puñado de monedas, merezcan ahora el  premio eterno...." (Recogido del libro de Pastora Barahona " Historia de los templarios, una leyenda de caballeros muy actual “).

Caballero templario

 

© Pedro González de la Peña

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