Los otros Ochate

NOTA: Este artículo escrito por Antonio Arroyo dio lugar a un reportaje en el programa Cuarto Milenio en el año 2014. Fue titulado: A la sombra de Ochate.. VER EL VÍDEO.


El mito del pueblo asolado por la peste fue algo relativamente común en Europa a raíz de la pandemia del siglo XIV que acabó con un tercio de sus habitantes. Aunque el brote más agresivo tuvo lugar en 1348, la enfermedad reaparecería de forma esporádica en el viejo continente hasta bien entrado el siglo XVII. En España tuvieron especial impacto las epidemias de 1647 y 1649, que devastaron lugares como Sevilla costándole la vida casi a la mitad de su población.

Centrándonos en Álava y Treviño, la mayor afección de la peste llegaría en 1564 procedente del valle del Ebro y fue extendiéndose a lo largo de tres décadas por todo el territorio. A ello hay que sumar la hambruna de finales del siglo XVI, que sin duda favoreció su incidencia en las zonas rurales. Hablar de cifras de fallecidos en Treviño es complicado debido a la escasez de datos, pero fijándonos en los censos conocidos vemos que Ochate contaba con 32 habitantes en 1522; que la cifra disminuiría a 24 en 1556; y finalmente se redujo a 16 personas en 1575. Es evidente que, en rigor, no puede asegurarse que exista una relación entre la peste bubónica y esta disminución poblacional, pero en una zona tan transitada desde la Rioja y predominantemente ganadera, es presumible que el contagio de la enfermedad pudiese tener su influencia. De lo que sí hablan las crónicas es de la extrema pobreza que vivieron algunas zonas del Condado durante esos años malditos.

Hubo al menos cuatro casos de pueblos de Treviño asolados por la peste durante ese periodo de los siglos XIV al XVI, aunque no pueden concretarse las fechas. El primero de ellos fue Galvarín, del que encontramos noticia en el célebre diccionario de Pascual Madoz, quien dice literalmente que fue destruido por una epidemia. Su iglesia parroquial existió al menos hasta el siglo XVIII. En la actualidad no puede determinarse su ubicación exacta, aunque se sabe que debió ser próxima al lugar de San Martín de Galvarín.

Otro mortuorio documentado fue San Sebastián, muy cercano a la localidad de Pariza. Ya figuraba en la Reja de San Millán como Savastian y vuelve a citarse su nombre en 1257. El historiador González de Viñaspre hace alusión a un pleito de 1415 donde ya se documenta su abandono, supuestamente como consecuencia de los brotes epidémicos del siglo XIV. La ironía es que San Sebastián era por aquel entonces un santo muy invocado contra la peste, algo que no sirvió de mucho.

Actualmente el único vestigio de la aldea es su antigua iglesia parroquial, hoy al pie de la carretera que atraviesa la zona:

Ermita de San Sebastián (Pariza), antigua iglesia parroquial del despoblado homónimo

La siguiente población fue Granado, junto a Albaina. Se mencionaba en la Carta del Obispo Aznar de 1257 y posiblemente ya estuviese despoblada a mediados del siglo XIV. La tradición dice que el pueblo fue arrasado por una epidemia, resultando única superviviente una anciana que antes de morir repartió el pueblo entre las localidades de Fuidio y Albaina. Aún existe la que fue su iglesia, hoy conocida como Ermita de Nuestra Señora del Granado:

Ermita románica de Granado, en las inmediaciones de Albaina

El último caso y más curioso es el de Huribarri, un despoblado medieval situado entre Aguillo y Marauri. Internándonos por un pequeño bosque aún podemos contemplar su antigua iglesia parroquial, hoy conocida como ermita de San Pedro. Al igual que en el caso de Granado, la primera noticia sobre el pueblo procede del documento de 1257, indicándonos la toponimia que se trataba de un pueblo nuevo (“huri”= pueblo, “barri”= nuevo). Se sabe que a principios del XV era ya un despoblado, achacándose su desaparición a la peste negra. Tal debió ser la mortandad que su iglesia se conoció durante siglos como “San Pedro de los muertos”, en alusión al fatal desenlace. Hoy es un paraje solitario que transmite cierta inquietud, un viejo templo en mitad de la nada que parece existir tan solo para recordar lo sucedido.

Ermita de San Pedro, antiguamente conocida como “San Pedro de los muertos”

Algo común a estos lugares es su desaparición durante los años “oscuros”, épocas en que la tradición oral era el único medio de transmitir a la siguiente generación lo sucedido, con excepción, tal vez, de algún documento que recogiese pleitos entre los pueblos cercanos por repartirse sus terrenos. Siempre he pensado que de haber ubicado en estos años la “maldición de Ochate” rebatirla sería prácticamente imposible.

Quien difundió la leyenda de las epidemias de Ochate pareció basarse en la tradición oral de la zona, en estas historias de pueblos maldecidos por la peste cuya memoria se pierde en las etapas más oscuras del Condado. Cometió un error, sin embargo, que fue pretender extrapolar ese mito a un período tan cercano como la segunda mitad del siglo XIX y a un pueblo que conoció incluso las primeras décadas del XX. Su segundo error fue venirse arriba y lanzarse a especificar los años, el tipo de epidemias y hasta el efecto demográfico que causaron, lo cual facilita enormemente su comprobación y, en este caso, su descarte más absoluto.

Es incomprensible que aún haya quien decida dar crédito a las “epidemias malditas” de Ochate tras haber publicado gráficos, cifras de fallecidos, referencias notariales y hasta entrevistas con personas que habitaron el pueblo. ¿Que Ochate sufrió epidemias?, sin duda, como cualquier población del Condado, pero ni tuvieron las connotaciones trágicas que se han contado ni mucho menos provocaron el abandono del lugar.

Galvarín, Granado, San Sebastián, Huribarri… probablemente fueron el germen del mito de Ochate; viejos lugares cuya huella sobrevive en la toponimia y en ermitas desubicadas que un día fueron hermosas iglesias parroquiales. Un recuerdo que queríamos honrar desde nuestro más profundo respeto. Dejaremos para otra ocasión la historia de otros despoblados como Bustia, Gueruca, Orzalan, Arna, Atazaual, Gurvandiz, Berbijona, Arceña, Villavieja, Dueso, Núnuri, Pedraita y otros más que salpican el mapa del Condado configurando una auténtica ruta del olvido.

 

© Antonio Arroyo. Ochate.com

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