El Medallón de Burgondo

A pesar de tratarse de un objeto real, si algo ha sido considerado legendario en relación con Ochate ha sido el célebre medallón de Burgondo. Su hallazgo se revistió de tal carga mística que pasó de ser casual a considerarse milagroso, y más tarde acabó formando parte -sin motivo- de ese “catálogo paranormal” adjudicado al pueblo. Para muchos se trata de una pieza sagrada y aún la veneran como tal, besándola cada 15 de agosto con auténtica devoción. Otros dudan de su existencia al considerarlo parte de esa historia “oficiosa” que tanto se ha divulgado sobre Ochate, y para algunos -entre los cuales me incluyo- se trata de un objeto con una enorme carga simbólica que contiene la esencia de ese lugar tan especial que fue la ermita de Burgondo, un vínculo temporal que mantiene viva su historia para transmitirla a las siguientes generaciones.

Todo empezó en verano de 1947. Durante una fuerte tormenta, Víctor Moraza, vecino de Imíruri e integrante de la Cofradía de Burgondo, escuchó a lo lejos el estruendo de la caída de un rayo sobre la ermita. De inmediato se dirigió al templo y al llegar observó una serie de daños en el techo y una fisura en la pared por donde el rayo bajó a tierra. Entre los restos humeantes encontró un medallón con la figura de la Virgen que, probablemente, fue depositado allí durante la construcción del templo. El objeto se encontraba muy deteriorado por el paso del tiempo, hallándose rota la orla que lo rodeaba y faltándole un fragmento en su parte derecha.

Este es el aspecto que presentaba entonces:

ATHA. Fondo G. López de Guereñu Galarraga, sign.  CD 5868  Medallón de Burgondo

La Cofradía envió a reparar el medallón, que se incrustó en una moldura ovalada y se circundó con un ribete de tela que disimulaba la parte rota. Años más tarde se protegió con un cofre de madera acristalado, y más recientemente se ha añadido un celofán que lo envuelve por dentro.

Pero volviendo a Víctor Moraza, sus familiares lo recuerdan como una persona de gran fe. Tal vez por eso (y sin duda contagiado por el fervor de quienes consideraron milagroso el hallazgo) Víctor fue convenciéndose con los años de que aquel objeto tenía mucho de sagrado, y poco a poco varió su versión de lo ocurrido aquella noche hasta darle tintes casi de experiencia sobrenatural. Sea como fuere, la vieja ermita entregó a sus cofrades una parte de sí misma arrancada de sus entrañas; una reliquia maravillosa para ser recordada. Todos los años el medallón regresa a la ermita durante unas horas, en la romería del 15 de agosto, siendo un acto emotivo y simbólico para aquellos que conocen su historia.

Hasta ahora eran muy pocas las fotografías que podían verse del medallón, la mayoría de ellas antiguas y de escasa calidad. Por eso quiero manifestar el mayor de los agradecimientos a mi buen amigo Pedro González por cederme las mejores imágenes que se hayan mostrado nunca sobre esta curiosa pieza. En exclusiva para Ochate.com, el medallón de Burgondo al detalle:

Como bien puede verse se trata de una representación de La Purísima Concepción -Tota Pulchra- de iconografía renacentista, Virgen que desciende de los cielos rodeada de símbolos del Antiguo Testamento.“Tota Pulchra es amica mea et macula non est in te” (¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!), reza la filacteria ondulada de la parte superior, citando un verso del Cantar de los cantares.

Para terminar, no me resisto a incluir este hermoso grabado de Manuel Pelenguer del año 1797. (Fuente: UNAV.es)

Copyright de las imágenes: Pedro González de la Peña

© Texto: Antonio Arroyo. Ochate.com

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