La torre de San Miguel

No existe una imagen más propia de Ochate que la de su solitaria torre desafiando el paso del tiempo. Convertida en el último vestigio, el viejo campanario es un vínculo que une pasado y presente, siendo testigo de casi cinco siglos en los que ha presenciado el albor, la decadencia y el abandono del pueblo. Como guardián de lo que fue un lugar lleno de vida, su figura tiene algo que impresiona y a la vez entristece. Pero ¿cuál es su historia?
 
 
Lo que actualmente vemos fue el campanario de una iglesia llamada “Parroquia de La Aparición de San Miguel Arcángel”, a la que ya hemos hecho alusión en otros apartados de la Web. Su origen se remonta a la repoblación del siglo XVI cuando, tras casi trescientos años de abandono, unas seis familias se instalan en las inmediaciones del antiguo Chochat y abordan la construcción del templo. En 1556 se menciona ya la iglesia, aunque probablemente aún estaba inconclusa y por ello sin consagrar (ver apartado: “Así fue Ochate”) Dos años más tarde, en 1558, da comienzo su primer Libro de Fábrica: registro oficial a modo de acta donde se reseñaban las cuentas, visitas pastorales, reparaciones, etc…  De su estudio podemos extraer conclusiones no solo sobre el edificio, sino también sobre su actividad parroquial, algo fundamental para pulsar la vida del pueblo y la actividad de sus habitantes.
 
El antiguo Chochat se ha venido considerando como el germen de Ochate, aunque en realidad hay razones para pensar que no fue exactamente así. Los restos del primero se encuentran en una zona llamada Alto de San Pedro, próxima a la necrópolis medieval, mientras que en el siglo XVI la nueva aldea se ubicó al otro lado de la grieta fluvial conocida como “El hoyo”.  Es decir, el nuevo asentamiento se instaló en un lugar próximo pero diferente a Chochat.
 
Una constante en Treviño ha sido la desaparición de muchas pequeñas aldeas a lo largo de los últimos siglos. Cuando un pueblo quedaba abandonado era habitual que la iglesia parroquial del mismo le sobreviviese, bien por estar construida con mejores materiales o por los cuidados de los devotos para que no se arruinase. De ese modo, las iglesias parroquiales de los despoblados pasaban a considerarse ermitas adscritas al pueblo más próximo. Los ejemplos cercanos son numerosos: Nunuy, Arna, Dueso, Arceña… Algunas perduraron en el tiempo, pero otras muchas desaparecieron para siempre en las décadas posteriores. El historiador Gerardo López de Guereñu realizó un estudio sobre mortuorios alaveses y cifró en 107 las ermitas desaparecidas, de las cuales al menos 30 fueron iglesias de pueblos abandonados.
 
Volviendo a Ochate, un elemento del que luego hablaremos es la fastuosa portada románica que se encontraba en la iglesia de San Miguel. Evidentemente no pertenecía a la misma, puesto que había un mínimo de tres siglos de diferencia entre ambas. Es más, el valor artístico, ornamental y económico de la portada difícilmente podría haber sido sufragado por unas pocas familias que, a duras penas, pudieron construir un modestísimo templo rural. En el libro “Ochate, realidad y leyenda del pueblo maldito” utilizamos una expresión que definía de forma muy gráfica el efecto de esta portada en la iglesia de Ochate, hablábamos de “una chabola con puerta de oro”. ¿De dónde procedía esta portada?
 
Sabemos de la aldea de Chochat por ciertos documentos del siglo XIII; ya entonces se mencionaba un templo llamado “San Pedro de Chochat”, y se le pierde la pista con la despoblación súbita de finales de ese mismo siglo a consecuencia de la política territorial de Alfonso X (ver apartado: “Así fue Ochate). En 1556 se cita en Ochate la existencia de una segunda ermita que no perduró en el tiempo y que tal vez pudo estar en lo que, aún hoy, la toponimia conoce como “Alto de San Pedro”. Dicho más claramente: parece factible que San Pedro de Chochat fuese la antigua iglesia parroquial del mortuorio de Chochat, que ésta pasara a ser considerada ermita de Ochate, y que al arruinarse se aprovechasen ciertos elementos para la iglesia de San Miguel. En ese mismo siglo y en el entorno más cercano existen ejemplos similares de reaprovechamiento de estructuras y elementos. Así, en el Archivo de Protocolos Notariales de Miranda encontramos que para la construcción de la Parroquia San Pedro de Treviño se emplearon “los despojos” de las ermitas de Santa María y San Juan, algo bastante frecuente en la época.
 
Aunque con mucha menos trascendencia que la portada, siempre quedará la duda sobre el único símbolo externo que lucía la iglesia de Ochate, una curiosa piedra triangular con una Cruz de Borgoña en su interior (ver apartado: “La Cruz de Borgoña”)  Si tal símbolo hubiese sido trasladado desde San Pedro de Chochat, abriría una interesante línea relacionada con la trama francesa que en más de una ocasión hemos mencionado. Actualmente se sigue investigando sobre su procedencia y significado.
 
iglesia de La Aparición de San Miguel Arcángel
 

ATHA. Fondo G. López de Guereñu Galarraga, sign.  CD 2726  Iglesia de Ochate

 
Tal y como hemos apuntado, la iglesia de Ochate era de un modesto estilo rural, incluso más humilde que la mayoría de iglesias de la zona. De una sola nave y planta rectangular, contaba con casa parroquial en el nivel superior y un cementerio en la parte trasera muy similar en proporciones al de la iglesia de Uzquiano. Su fábrica, salvo en lo más esencial, era de mampostería. En cuanto a la torre, los lienzos centrales fueron hechos en mampostería y ripio, y las esquinas, zócalos y parte superior en lumaquela de Ajarte (ver apartado: “Cazando Mitos”). Tuvo solo dos campanas en las caras este y sur, siendo la primera más grande que la segunda. En su interior se veneraban las figuras de San Miguel Arcángel, San José y San Juan de Ortega. Estas dos últimas aún se conservan en la Parroquia de Imíruri.
 
Desde 1558 a 1852 en la iglesia se celebraron oficios religiosos con normalidad, aunque no siempre con cura residente. A partir de ese año y debido al concordato de 1851, las parroquias de la zona dejaron de depender del Obispado de Calahorra y los archivos parroquiales de Ochate se unificaron con los de Imíruri, siendo un mismo párroco quien debía servir a ambas iglesias. En 1886 el obispado dispensó al sacerdote de tener que subir todos los días a Ochate (a caballo) y decidió centralizar las misas únicamente en la matriz de Imíruri. Eso disminuyó notablemente la actividad de la iglesia de San Miguel, aunque siguieron realizándose ocasionalmente misas de aniversario, funerales, etc. al menos hasta 1914. El último enterramiento en el cementerio de la localidad se realizó el 28 de marzo de 1919, correspondiendo a una mujer de 77 años llamada Gregoria Vallejo.
 
 
El final de la iglesia y la portada románica
 
Viendo actualmente la torre cuesta imaginar que fuese parte de un conjunto y que el resto del edificio haya podido desaparecer sin dejar rastro. En realidad, el ser humano y la naturaleza se han compinchado en esta tarea; el primero arrancando las piedras del templo para otros usos (como el cementerio de Imíruri) y la segunda cubriendo con una espesa capa vegetal todo resto visible. Como citábamos en el apartado “El final”, las campanas fueron trasladadas a San Vicentejo y Burgondo; parte de la decoración del templo (tallas, fustes, jarrones…) fueron a parar a la iglesia de Imíruri; algunas figuras sin valor artístico fueron destruidas y enterradas, y el altar fue medido para instalarlo en la iglesia de Bajauri, aunque no hemos podido constatar que el traslado se consumase.
Pero sin duda alguna, la joya de la corona y el bien artístico más preciado de Ochate era la portada románica, y sobre su destino no hubo acuerdo. Tras varias décadas de abandono de y sobrevivir a un incendio, la portada fue objeto de un tira y afloja entre la Diputación Foral de Alava y el pueblo de Imíruri, ya que ambos la reclamaban por derecho aludiendo motivos de conservación. El tiempo pasaba y la disputa no se dirimía, así que en 1964 el cura de Uzquiano, D. José Eguía López de Sabando, cortó por lo sano encargando por su cuenta el traslado a una empresa de albañilería llamada Hermanos Duque. En un par de semanas los albañiles marcaron, desmontaron, trasladaron en un tractor y recompusieron la portada en la iglesia de La Asunción de Uzquiano. El fin justificó los medios y desde entonces luce en la fachada de dicha parroquia.
 
Discutible pero efectivo.
 
Imagen de Uzquiano. Al frente, la iglesia de la Asunción con la portada de Ochate
 
 
Junto a la ermita de La Concepción de San Vicentejo, la portada de Ochate es una referencia indiscutible cuando se habla del Románico en el Condado. Esta es la descripción que hizo de la misma la historiadora Micaela Portilla para el Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria (1968):
 
“Sobre cuatro pares de columnas y baquetones en jambas e intercolumnios, voltea un arco apuntado con arquivoltas de baquetones excepto dos, decoradas con bellos motivos de follaje y florones de muy marcado relieve y hermosa labra. Capiteles de notable interés: el primero de la derecha del espectador representa un ángel entre nubes; a la izquierda, en contraposición con éste, escena de los tormentos del infierno; los restantes presentan acantos esquemáticos, animales monstruosos (aves con cabeza humana coronada), aves rapaces en presa, rostros humanos, escenas de caza, etc. Los plintos de las columnas van decorados con florones inscritos en semicírculos”
 
 
 
 
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